miércoles, 21 de enero de 2026

 La vida es un tren sin billete de vuelta: saborea cada paisaje, abraza cada parada y no des por hecho que habrá otro andén donde decir lo que hoy callas.

Madre mía, es tan tópico y típico que, cuando ocurre una catástrofe de estas dimensiones, nos echemos las manos a la cabeza y nos demos de bruces con lo efímero de la vida. Con esa falta de certeza, la que creemos asegurada con el devenir de los días y sus rutinas. ¿Se nos olvida tan rápido? La respuesta es sí.


¿Quién de nosotros no se ha dicho alguna vez aquello de que debemos trivializar esos problemas que dimensionamos de modo estratosférico… hasta que nos roza una situación como esta? O si tenemos la mala suerte de darnos de lleno en la cara con algo así de duro: una enfermedad inesperada (nunca se esperan), un accidente, que se te caiga tu casa encima, como le pasó a un joven compañero de mi chico. Literalmente, le cayó su casa encima. Muerto en el acto.

Qué terrible situación, qué mala suerte coger justo ese tren y no el siguiente. O ese vagón. O irte a tomar ese café en ese momento. O decidir llevar a tus nietos a ver El Rey León como regalo de Reyes justo para ese día.

Como dice una canción que me encanta de Rosana, nadie tiene la vida comprada, ni guapos ni feos. Ni el que tiene dinero pa más que tapar agujeros.

Te toca la china y a apechugar.

Tienes la suerte de que, de momento, parece que pasa de largo y entonces, a los dos días, volvemos a angustiarnos porque no nos cuadra el balance.

Ufff, cada vez soporto menos a las personas que están de vuelta de todo. Con poco más de 50 años, o incluso menos, dicen o creen saberlo todo. Haberlo vivido todo. No perdonan errores de amigos porque “no voy a ser yo quien llame siempre”.

No viajan (no necesariamente cogiendo vuelos; hay muchos modos de viajar; para mí viajar es crecer, no quedarte en el sitio, metafóricamente hablando) porque piensan que ya lo saben todo.

No dicen “te quiero” porque no son de decirlo.

No ayudan al de al lado, aunque solo sea sonriendo, porque no vas a sonreír a ese, a quien crees menos que tú.

Madre mía, otra vez.

Joer, llama a ese amigo, aunque tengas que hacerlo tú por enésima vez. No pasa nada; el rato que vas a pasar con él no te lo va a quitar nadie.

Di “te quiero”, coño. Que puede que no os volváis a ver. Díselo. ¿O a ti no te gusta escuchar que te lo digan con sentimiento real quienes amas de verdad? De ese sentimiento que hace que te inunde todo el cuerpo el amor que te mandan.

Haz más bonito el día, o al menos un rato, siendo amable con todo el mundo. La panadera te lo va a agradecer, aunque te cobre una cebolla pequeña a 30 ctms., después del gasto diario que le haces.

Y agradeced, por favor; agradezcamos hoy. Que te invada el agradecimiento.

Siento profundamente, como lo hacemos todas las personas de bien, el sufrimiento de todos los familiares, amigos y heridos de este brutal accidente. Siento todas sus pérdidas.

No es viernes, lo sé, pero tengo la tarde libre y me ha apetecido escribir esto.

Os paso la canción de Rosana y otra más que me ha encantado.

Y ya no os vuelvo a escribir hasta la próxima semana.

Disfrutad esta tarde, mañana, el finde… y no se os olvide relativizar en la medida correcta, cosa nada fácil. Sean buenos y sean felices.

No hay comentarios:

Publicar un comentario