"La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento."
He visto un atardecer espectacular en el Atlántico mientras a pocos metros un volcán rugía desde las entrañas de la tierra en la isla bonita. El dorado de la arena del desierto del Sahara, al amanecer deslumbraba y yo estuve allí. Entré en la pirámide de Keops, y cuando estuve a los pies de Abu Simbel en Egipto, me sentí empequeñecer. Estuve en México, en una pequeña isla llamada Isla Mujeres con la arena más blanca y las aguas más turquesas de lo que nunca imaginé.
Una primavera, disfruté de las flores más espectaculares y de los pueblos medievales más increíbles en Italia, en el lago di Como. Ibón de Acherito. Pirineo. Abril 2026
Crucé el puente Carlos en Praga varias veces y no me cansaba de hacerlo y en Budapest, hice un crucero por el Danubio de noche. Todo brillaba a su alrededor. En los acantilados de Moher nos diluvió, pero nada que no solucionara una rica Guinness en el Temple bar con una maravillosa música en directo, allá en Irlanda.
Subí al London Eye, y me encantó la vista desde allí arriba. Paseé por Tierras Altas en Escocia y fui feliz en Edimburgo.
En la Fontana di Trevi, en Roma, tiré unas monedas, y se cumplió el deseo. París y su barrio latino me encandilaron tanto que volví.
Cuando estuve en Ámsterdam y visité la casa de Ana Frank, un escalofrío de tristeza me recorrió todo el cuerpo. Después un paseo por los canales me recompuso un poco.
En Gante, estuve en un cuento. Había un castillo y el recuerdo de Carlos V, nieto de Isabel la Católica, me recordó que el mundo es un pañuelo, pues todo empezó en mi Madrigal. Brujas, es una ciudad a la que quisiera volver.
La Grand Place de Bruselas me dejó con la boca abierta. Y en el Zoco en Estambul, me encontré con un amigo del instituto. Escuché gritar mi nombre en medio de la multitud y no podía creérmelo. Cuando estuve en Milán frente a la Última Cena de da Vinci, me estremecí y comprendí que existe la genialidad y que les es concedida sólo a unos pocos privilegiados.
Soy afortunada por tener en mi caja fuerte estos tesoros. Y solo quiero seguir acaudalando más y más., los que habéis viajado mucho más que yo entenderéis bien a lo que me refiero.
La sensación que se produce cuando disfrutas de esos momentos, se triplica al estar bien acompañada.
No es necesario irte al otro lado del mundo para saber valorar lo que tienes. Es cuestión de agradecer siendo conscientes.
Pienso que poseer la virtud de emocionarse es otro de mis tesoros que espero no caduque con los años. Y agradezco, agradezco a la vida por tanto bonito y sobre todo por mi gente bonita.
Como diría Loquillo, Salud y rock and roll tengamos todos y en los momentos duros a granel, por favor; que no nos falten ninguno de los dos.
