viernes, 8 de abril de 2016

La Fuentona..... entre sus aguas cristalinas sólo puede haber verdad.

"No hay nada como volver  a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta de cuanto has cambiado tú" ( Nelson Mandela)


Es increíble como se pueden resumir  distintas etapas de tu vida con la memoria fotográfica de determinadas visitas que hicimos a un mismo lugar. En mi caso os voy a hablar de” La Fuentona.”
 

La Fuentona es un lugar emblemático en Soria. Para algunos (los menos- mi amigo Antonio, por ej.  dice que no le gusta nada-.) es un lugar oscuro y tenebroso, supongo que por el misterio que envuelven sus aguas. Para otros (entre los que me encuentro) es un lugar lleno de magia, de color esmeralda .Luminoso y enigmático al mismo tiempo.



 

La primera vez que fui, me llevaron Chente y Maria. Me pareció asombroso. Aún tengo esa capacidad de asombro, afortunadamente.  Pero en aquel momento, con mis 27 años era la chica más feliz sobre la faz de la tierra. Nos comentaron que había muerto gente ahí abajo, el misterio hizo acto de presencia con una luz impresionante. Como tantos días en Soria!!.
Recuerdo como me sorprendieron  sus aguas turquesa y la profundidad de las mismas.
Posteriormente, cuando venían familiares  y amigos los llevábamos a visitarlo previo paso por Calatañazor.  Pueblo  medieval que me sigue atrapando cada vez que me acerco.


 
 
Otra visita  tuvo lugar con mi incondicional Ana y su maravillosa familia. Reímos e hice fotos para una de mis primeras presentaciones. En esa ocasión descubrí todo su espectacular entorno. La cascada no traía agua. Pero el lugar, me envolvió para siempre. En aquel momento era la madre de familia más feliz del mundo mundial (junto con Ana, ambas irradiábamos felicidad ese día.). Sol, calor, risas, tortilla de patatas, Dana que se pierde… Dani que corre…. Manel detrás…. Las niñas encantadas de la vida…..
La presentación trataba sobre una oruga… que sola atravesaba montañas y cientos de obstáculos, la pobre. Mientras los demás animalitos del bosque no apostaban por ella, ella sin embargo no cesó en el empeño y se fue en busca de sus sueños para finalmente alcanzarlos convirtiéndose en mariposa.
Otro día en junio del 2012, fui con mi familia. En aquel momento me sentía morir. Pero ni siquiera era capaz de imaginar lo que se me venía encima. Él decía sentirse relajado (se había quitado un muerto de encima, ahora lo entiendo). Yo aún tenía esperanzas. Debí adivinar lo que pasaba, cuando en el restaurante del lugar pidió una tarjeta y preguntó si hacían asados. Pero a quien vas a traer,  dije????  Qué imbécil soy!!!.  Desde luego no hay más ciego que el que no quiere ver.
La siguiente vez que fui, la cascada venía a tope. Supongo que era directamente proporcional a las lágrimas que echaba por aquel entonces. Fui con Belén, su hija y mis hijos.
Independiente, sola, comprobé que no solo soy capaz de ir a cualquier sitio, sino que puedo llevar a más personas. (aunque a veces los pierda y nos riamos a carcajadas por hacerlo)
Tengo algunas fotos de ese día….era invierno pero no hacía demasiado frío. Sonreía… pero la tristeza que tenía en mi alma se ve en las fotos.  Mi transparencia es exactamente igual que la de esas aguas, muy a mi pesar.
He vuelto más veces…otra visita que recuerdo con gran cariño fue la que hicimos no hace mucho,  con mis amigos del grupo de ruta. Los niños se lo pasaron en grande y desde luego no disfrutaron más que yo. Incluso treparon por paredes rectas, Ricardo los sujetaba con una cuerda desde arriba. Me lo pasé genial ese día, como siempre que estoy con ellos.  La buena gente te hace sentir así.
Tengo fotos de casi todas esas visitas. Pero no las necesito. Las guardo en mi memoria, al igual que recuerdo exactamente cómo me sentía en cada uno de esos momentos.
 
El fin de semana pasado estuve de nuevo. Cómo me gustó volver!!!!!  La cascada traía agua en contra de lo que nos habían dicho. Y fue fantástico estar allí otra vez, pero si lo fue, se debió a la compañía, esta vez el lugar tenía poco que ver.  Había luz y lo que es más importante, caminos por explorar de cuya existencia no me había percatado.
 
La vida sigue, la ilusión vuelve a aparecer… a veces de modo intermitente como el agua en la cascada de la Fuentona.  Quizás se deba a la madurez que va unida irremediablemente a la prudencia.
Otras  veces esa ilusión aparece con una gran firmeza y profundidad como las aguas de su laguna.
Pues  la vida sigue…. afortunadamente.
OS DESEO UN FANTÁSTICO FIN DE SEMANA, el mío se prevé divertido y especial.
 

 

 

 

 

 

martes, 22 de marzo de 2016

Momentos infinitos, instantes eternos.

"Qué poco rato dura la vida eterna por el túnel de tus piernas" Joaquín Sabina



Un cuento... no muy largo..... y algo cambiado con mi toque.


 Giovanni Papini-El viejo reloj parado a las 7 (cuento).
"En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas desde casi siempre, señalan  la misma hora: las siete en punto. 

Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix. 

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del mundo. 

Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección... Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes callan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que una vez detuvo su andar.


Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él. 

También yo estoy detenida en un tiempo. También yo me siento clavada e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía. 

Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.
Durante ese tiempo siento que estoy viva. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. 

Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como mi amigo el reloj, también se me escapa el tiempo de los demás. 

Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi  andar, que acostumbro a llamar vida. 

Pero sé que la vida es otra cosa. 


Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía del universo (mis momentos infinitos, como os he dicho otras veces)

Casi todo el mundo, pobre iluso, cree que vive. 

Solo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.
Por eso te amo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo."





Bueno.. próxima a vivir mi nuevo momento infinito, os deseo lo mejor para estos días. Yo, una escapada genial... de esas que me encantan rodeada de la mejor gente....  además visita  a mi maravilloso pueblo y a mis queridos padres a Salamanca donde aprovecharé a ver a unos amigos desde la adolescencia y a dar una vuelta por esa preciosa ciudad....... disfrutaré mi instante eterno. Tengo 7 días......uffff qué ganas.!!!!!!!

FELIZ SEMANA SANTA A TODOS.

 
 
 

jueves, 18 de febrero de 2016

Hay que quererse primero a uno mismo

"Si no te amas a ti mismo, no será fácil quererte. El amor saludable empieza por casa"(Walter Riso)

Ahora que está tan de moda esto de la autoestima alta.... me ha encantado leer al gran Sabina el otro día. Nos venía a decir que él no está nada de acuerdo con esto. Que desde luego la mayoría de los gilipollas tienen su autoestima altísima. Me ha hecho reír, además estoy muy de acuerdo.


Está claro que tenemos que querernos..... que si no te quieres tú...difícil es que te quieran. Pero alguna vez he "discutido" con alguien sobre el tema. No creo que quererte tú, sea bueno cuando te priorizas por encima de todo. Pisando a los demás en busca de tu propia felicidad. Haciendo daño, "porque es mucho más importante pensar en uno mismo y al fin y al cabo son daños colaterales que conllevan tu propia felicidad". Creo que es similar a lo que os decía el otro día sobre el perdón. Son frases hechas que quedan muy bien.
 Yo creo quererme mucho, pero quiero más a mis hijos. Yo creo quererme mucho, pero si un amigo me necesita, dejaré de hacer lo que me hace feliz, para estar con él, porque eso quizás le ayude a esa persona a ser más feliz, y mi felicidad no es tan importante, de hecho lo más probable es que aumentara al dejarla relegada.
Y desde luego, no creo  tener capacidad de felicidad "propia" si con ello sé que hay alguien sufriendo. No podría. De esto estoy segura.

A veces me he querido poco. No puedo culpar de eso a nadie porque permití ser machacada. No obstante,  si hoy me siento con una autoestima más alta es porque me ha encantado que alguien muy muy alto, muy muy guapo y muy muy inteligente haya dicho esto de mí.

Grego es
La levadura en el pan, el azafrán en la paella, la cometa en la playa, el relámpago en la tormenta, el faro en el mar, el gol en el partido, el regalo en el cumple, la gaviota en el acantilado, el arcoíris entre la lluvia,el agua en verano, el verde en el desierto, la pisada en la luna, la iguana en la roca, la cascada en el río, la pluma en la cosquilla, la croqueta en el menú infantil, el escote en la reunión, la trucha en el arroyo, el níscalo bajo el pino, la cruz en la cumbre, la meta en la carrera, la sal en el huevo frito, el pan en la salsa, el camisón en la fantasía, el beso en el despertar, el gemido en el sexo, la palabra en la distancia, el corte al grosero, el pelo en el viento, el águila en la cumbre, la mano bajo la manta, las dos cucharas en el postre, la regañina merecida, el piropo generoso.
Eres tantas cosas que al final eres solo una TÚ.

La aureola en la luna, el periódico del domingo, la moneda de chocolate, la autopista con el depósito lleno. La sombrilla en primera fila de playa. La ganga en el mercadillo. El libro en vacaciones. Las castañas asadas en días de frío. El olor a lluvia. El pelo recién lavado....estrenar calcetines...........

Llamadme débil de espíritu si queréis, creo que lo soy en realidad. Pero me ha encantado que me regalen el oído. Y aunque esas teorías tan de moda digan que no debe depender de nadie que tú seas feliz..... la verdad es que afortunadamente, tengo gente que me ayuda.

QUE TENGÁIS UN FABULOSO FIN DE SEMANA. Yo desde luego.... pienso disfrutar cada segundo.

jueves, 11 de febrero de 2016

Déjame que te cuente.

"Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco" (anónimo)

Estoy leyendo un libro de Bucay, titulado "Déjame que te cuente", os pongo uno de los cuentos que he leído.
 
                                                              El círculo del 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día, el rey lo mandó a llamar.
—Paje –le dijo—
—¿Cuál es el secreto de tu alegría?
—No hay ningún secreto, Alteza.
—No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
—No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh? ¿Por qué?
—Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?—Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—.
Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
—Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…
—Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
—¿Por qué él es feliz?
—Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
—¿Fuera del círculo?
—Así es.
—¿Y eso es lo que lo hace feliz?
—No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
—A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
—Así es.
—Y él no está.
—Así es.
—¿Y cómo salió?
—¡Nunca entró!
¿Qué círculo es ese?
—El círculo del 99.
—Verdaderamente, no te entiendo nada.
—La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
—¿Cómo?
—Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
—Eso, obliguémoslo a entrar.
—No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
—Entonces habrá que engañarlo.
—No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad,
él entrará solito, solito..—¿Pero él no se dará cuenta de que eso es suinfelicidad?
—Sí, se dará cuenta.
—Entonces no entrará.
—No lo podrá evitar.
—¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
—Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del
círculo?
—Sí.
—Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
—¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?
—Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
—Hasta la noche.
*Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:
ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE.
DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE CÓMO LO ENCONTRASTE
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.
Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.
El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa..Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa.
Sus ojos no podían creer lo que veían.
¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él.
El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas:
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis… y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60… Hasta que formó la última pila: 9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.
“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
—Me robaron –gritó— me robaron, malditos!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.
Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”.
“99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda.
Noventa y nueve no es un número completo –pensaba—. Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes…
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla
Después quizás no necesitara trabajar más.
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con cien monedas un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
“Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender…
Vender…
Vender…
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?
¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio, volvieron al palacio.
El paje había entrado en el círculo del 99…
…Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas..—¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.
—Nada me pasa, nada me pasa.
—Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
—Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.



—Y hoy , me acordaba de ese cuento del rey y el sirviente. Cuando visité el Palacio Real el fin de semana pasado lo vi claro. Llevaba mucho tiempo queriendo ir a visitarlo y aunque eso no era precisamente la moneda que me faltaba para llegar a las 100, me di cuenta de lo feliz que era en ese momento.... creo que se me refleja en la cara.
Hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene.
Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta…
Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida…
Pero que pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por cien del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve que ésta es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos estúpidos, para que estemos, cansados, malhumorados, infelices o resignados.
Una trampa para que nunca dejemos de esforzarnos y que todo siga igual…
…eternamente igual!….Cuántas cosas cambiarían si pudiésemos disfrutar de nuestros tesoros tal como están.
—Pero ten cuidado amigo,  reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.
Porque aceptar es una cosa y resignarse es otra.
Pero eso es parte de otro cuento.
 
QUE TENGÁIS UN FANTÁSTICO FIN DE SEMANA.

lunes, 11 de enero de 2016

Y a veces la realidad, supera la ficción.

"El viaje hacia nuestro destino comienza con un sueño"

 
 
Y claro, puesta a imaginar....

Quiero que sea alto, altísimo a ser posible, para poder llevar mis preciosas sandalias sin que yo le saque medio cuerpo. Y poder ponerme de puntillas para besarle. Y que con su camisa tape todo mi cuerpo, cuando me la ponga sin nada debajo para seducirle.
Quiero que sea muy inteligente, la inteligencia de siempre y la emocional.... que de ésta última estoy yo un poco falta...(y de la otra cada vez más)
Quiero que me haga rabiar de manera sana...que saque la fierecilla indomable que llevo dentro. Eso me hace mantener despierta.... a la expectativa......con las uñas afiladas....aunque nunca arañe.
Quero que me enseñe, aprender con él....que escuchándole se me quede la boca abierta. Y mis ojos brillen chispeantes como los de una niña curiosa.
Quiero que valore mi persona, mis cualidades y que piense que encontrarme ha sido una de las mejores cosas que le ha pasado en mucho tiempo.
Quiero que además no tenga ninguna duda respecto a lo anterior.
Quiero que me haga vibrar, en la cama y fuera de ella. Que viendo un atardecer en el campo o una obra de teatro en la ciudad, piense que estar a mi lado es todo un regalo.
Quiero que sea una gran persona. Que tenga valores en los que yo me reconozca. Y que los demuestre (honestidad, lealtad, fidelidad, serían algunos de ellos.)
Quiero que me hable, comparta sus miedos, sus debilidades. Que cuente conmigo y que se entregue en cuerpo y alma. Que se deje querer. Y que cuando le haga disfrutar sea capaz de dejarse llevar al cielo y me lo diga.
Quiero que sea la persona que me acompañe a cumplir mi sueño, que no es otro que ir acompañada a New York, un puente de diciembre, un año cualquiera.
Me es indiferente su profesión y su poder adquisitivo. No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Me basta con que me lleve a cenar y paguemos a medias. (siempre que no sea un restaurante de esos de alto standing en cuyo caso sería yo quien no pudiera pagar la mitad). Que podamos hacer alguna escapada de esas de finde...a una casa rural con chimenea, y que nos dé igual el sitio.
Y teniendo tú todas esas cualidades, está claro que no puedes ser sino producto de mi imaginación.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En fin.....que ya veremos........si es mi imaginación o resulta que existes......todo necesita su tiempo.

martes, 15 de diciembre de 2015

Día ocho: Yo no perdono, ni en Navidad.

" PERDÓNASELO todo a quien nada se perdona a sí mismo". (Confucio)
 
Antes de nada mil perdones por tardar tanto en nuestro re-encuentro. Pero aquí estoy. Gracias por echarme de menos.
Recientemente cayó en mis manos un artículo sobre el perdón. Lo adjunto resumido. La fuente es de thoughtcatalog.com Traducción y adaptación: Genial.guru
Odio todos los clichés existentes sobre perdonar.
Conozco cada proverbio, cada consejo, cada opinión común acerca de esto porque intenté encontrar respuestas en una multitud de libros. Leí todas las publicaciones en los blogs dedicadas al arte de dejar ir la ira. Anoté varias frases de Buda, me las aprendí de memoria y ninguna de ellas me funcionó.
El perdón es una jungla impenetrable para aquellos que buscan justicia. Duele la simple idea de que alguien pueda quedar impune después de lo que ha hecho. No queremos mantener nuestras manos limpias, los rastros de dolor de los que nos ofendieron nos satisfacerían más. Queremos empatar. Queremos que también ellos sientan lo que sentimos nosotros.
Perdonar a alguien es similar a traicionarse a sí mismo. No quieres rendirte en la batalla por la justicia. La furia arde por dentro y te envenena con tu propio veneno. Lo sabes, sin embargo no puedes dejar ir la situación. La ira se convierte en una parte de ti mismo, cual corazón, cerebro o pulmones. Conozco esta sensación. Sé cómo se siente cuando la ira pulsa en tu sangre al ritmo de tu corazón.
 Nos enfadamos porque queremos justicia. Porque pensamos que nos beneficiará. Porque creemos que cuanto más enojados estemos, más cambios podemos lograr. La ira no entiende que ya lo pasado pasó y el daño ya está hecho. Te quiere convencer de que la venganza lo corregirá todo.
Estar furioso es como estar rascando una herida que sangra, creyendo que de esta manera evitarás la aparición de una cicatriz.  Tienes miedo porque cuando la herida se cierre, tendrás que vivir en una piel desconocida. Y quieres devolverte a la anterior. Y es cuando la ira te dice que es mejor no detener el sangrado.
Cuando todo hierve en tu interior, el perdón es imposible. Quisieras perdonar porque tu mente se da cuenta de lo sana que es esta opción. Quieres tener la paz que ofrece el perdón. Quieres liberarte. Quieres detener ese tormento en tu interior pero no puedes hacer nada contigo mismo.
Porque nadie te ha dicho la verdad más importante acerca del perdón: no corrige ni cambia nada. No es una goma que puede borrar todo lo que te ha sucedido. No cancelará el dolor con el cual vivías y no te ofrecerá un estado de paz instantáneo. Buscar la paz interior es un largo camino.
El perdón significa no tener esperanzas en un pasado distinto. Es decir, comprender que todo ya pasó, el polvo ya se asentó y lo arruinado nunca cobrará su forma original. Es aceptar que ningún tipo de magia podría repararte el daño. Sí, el huracán fue totalmente injusto, sin embargo aún tienes que vivir en tu ciudad destruida. Tu furia no puede restaurarla, lo tendrás que hacer tú.
El perdón significa aceptar tu responsabilidad personal, no por la destrucción sino por la restauración. Es la decisión que tomas para que regrese a ti la serenidad.
El perdón no significa que la culpa de tus agresores está nivelada. No quiere decir que tienes que ser su amigo o simpatizarles. Simplemente aceptas que te dejaron una marca y ahora tendrás que vivir con esto. Se trata de dejar de esperar que la persona que te lastimó haga que todo vuelva a ser «como antes». El perdón es la decisión de empezar a sanar las heridas sin importar si te dejarán cicatrices. Es la aceptación de vivir con tus cicatrices.
El perdón no es el triunfo de la injusticia. Se trata de crear tu propia justicia, tu propio karma y destino. Se trata de volver a levantarse con la determinación de ya no sentirse infeliz por el pasado. El perdón es comprender que tus cicatrices no determinarán tu futuro.
El perdón no significa que te rindas. Significa que estás dispuesto a reunir tus fuerzas y seguir adelante.

Bien, lo he leído varias veces y mi conclusión es bastante sencilla. YO NO PERDONO.

NO PERDONO la mentira  y no por ello creo que deje en absoluto de intentar ser feliz. Duermo de un tirón, mi conciencia está plenamente tranquila.

NO PERDONO la traición. Jamás lo haré. Ni la falta de respeto. Y no creo en absoluto que esto me haga vivir llena de rencor sin saber o sin poder disfrutar de la vida. No es cierto.

NO PERDONO, y sin embargo me ilusiono de nuevo, lucho por mi felicidad y la de aquellos a quienes quiero,

NO PERDONO la cobardía. Gente sin espíritu, cobardes de mierda que son incapaces de salir de su zona de confort si eso implica reconocer la verdad de sus  miserables vidas de costumbres autoengañándose y lo que es peor engañando a la gente que los quiso de verdad.

NO PERDONO la falsedad. Aquellos quienes priman su bonita imagen de cara al exterior por encima de la autenticidad.

NO PERDONO el dolor gratuito.... y menos de la gente a la que amo. JAMÁS perdonaré eso  y a quien lo causó con sus gestos mezquinos.

NO PERDONO, y no creo en absoluto que esto haga que el pasado llene mi futuro de amargura. Yo no lo creo porque no es así. Sé ser feliz.

Estamos en tiempos de Navidad. época que me encanta aunque parece no estar de moda reconocerlo. Creo en los buenos deseos concentrados en estos días. Será porque yo los envío con todo mi cariño, de corazón. Me encantan la preciosa iluminación en las grandes ciudades, y los mercadillos navideños me pirran. Me encanta la cara de mis hijos cuando entre los dos ponen la estrella en lo alto del árbol, o cuándo vamos a Valonsadero a por muérdago. Y espero  que me besen bajo el dintel de la puerta, con todas las ganas del mundo, como beso yo siempre. De verdad.

 No obstante... YO NO PERDONO.

Creo que efectivamente esto sería traicionarme a mí misma. Y yo, señores, si algo soy, es una persona que no traiciona.

Y por supuesto que no me rindo. Si algo he demostrado en los últimos tiempos, es que no lo hago... aunque flojeen mis fuerzas . Y no me rindo en ninguna de las facetas de mi vida. Ni como profesional, ni por supuesto como madre, ni como amante de la vida. (bueno el jardín de mi casa si tuviera voz propia tendría algo que decir a esto... pobrecito)...Sigo luchando por esa felicidad, y lo seguiré haciendo mientras  me quede un aliento.. pero NO PERDONO.

Y estoy en desacuerdo sobre todo con algo que dice el artículo....LA MAGIA sí te puede reparar cualquier daño; de eso no me cabe la menor duda.

FELIZ NAVIDAD A TODOS.... 

 Adjunto una fotografía que me regaló alguien muy especial para mí. Gracias Alejandro por tu foto de estrellas...

jueves, 17 de septiembre de 2015

Día siete: De Don Faustino a Máximo

" La felicidad es  interior, no exterior; por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos" Pablo Neruda.

Gracias a los que me habéis preguntado por mi blog, aquí estoy de nuevo. Hoy con una historia escrita hace ya cuatro años. Pero el otro día se la pasé  a un amigo quien me dijo que le había gustado mucho y otro amigo hoy me animó a publicarla. Está dedicada a un maestro de escuela, Don Faustino quien me enseñaba valores a la par que ortografía y a Máximo, quien con sólo una conversación me enseñó  que se puede ser feliz de verdad si lo eres contigo mismo.
En estos cuatro años  han cambiado muchas cosas, pero la sensación de aquella tarde, sigue viva. La esencia de ese momento también.



De Don Faustino a Máximo.
Como todos sabéis soy de pueblo, y la gente “de pueblo”  o al menos la gente de mi pueblo, hemos ido a la escuela y no al colegio.  Allí,  nos enseñaban los maestros, no los profesores. Y estos no se llamaban  Ana, Félix, Vicenta o Faustino sino Doña Ana,  Don Félix, Doña Vicenta… Don Faustino….
Todos tenemos en mente a aquel maestro que nos ha marcado para bien o para mal,  para el resto de nuestra vida. Por su manera de dirigirse a nosotros, por su forma de educarnos, de darnos cariño de hacernos reír… o simplemente de regañarnos;  por mil cosas, en definitiva. Yo, “afortunadamente”  tengo varios que dejaron huella en mí.  Uno de ellos, a quien por algo que os explicaré más adelante he recordado hoy, fue Don Faustino.
 Este maestro, un día en el que un par de compañeros discutían sobre quién era el más rico de sus respectivos padres (la verdad es que ya apuntaban maneras los dos chavalitos éstos cuando teníamos unos 10 años más o menos) nos contó un cuento.
 Este cuento muchos de vosotros lo conoceréis, algunos incluso porque yo misma os lo he contado en alguna ocasión, pero como ahora “todo está en internet” os lo transcribo tal cual es, para evitar así cualquier error que desde luego achacaría a mi mala memoria, pues han pasado más de 30 años desde  que lo escuché.
 Acabo de descubrir que es un cuento de Tolstói, ahí es nada. Aunque para mí,  será siempre el cuento de Don Faustino.
 Se titula “la camisa del hombre feliz.”
 La camisa del hombre feliz
Había una vez un rey cuya riqueza y poder eran tan inmensos, como eran de inmensas su tristeza y desazón.
-Daré la mitad de mi reino a quien consiga ayudarme a sanar las angustias de mis tristes noches- dijo un día.
Quizás más interesados en el dinero que podían conseguir que en la salud del Rey, los consejeros de la corte decidieron ponerse en campaña y no detenerse hasta encontrar la cura para el sufrimiento real. Desde los confines de la tierra mandaron traer a los sabios más prestigiosos y a los magos más poderosos de entonces, para ayudarles a encontrar el remedio buscado.
Pero todo fue en vano, nadie sabía cómo curar al monarca.
Una tarde, finalmente, apareció un viejo sabio que les dijo: -si encontráis en el reino un hombre completamente feliz, podréis curar al rey. Tiene que ser alguien que se sienta completamente satisfecho, que nada le falte y que tenga acceso a todo lo que necesita.
-Cuando lo halléis- siguió el anciano- pedidle su camisa y traedla a palacio. Decidle al rey que duerma una noche entera vestido solo con esa prenda. Os aseguro que mañana despertará curado.

Los consejeros se abocaron de lleno y con completa dedicación a la búsqueda de un hombre feliz, aunque ya sabían que la tarea no resultaría fácil.
En efecto, el hombre que era rico, estaba enfermo; el que gozaba de buena salud, era pobre. Aquel, rico y sano, se quejaba de su mujer y ésta, de sus hijos.

Todos los entrevistados coincidían en que algo les faltaba para ser totalmente felices aunque nunca se ponían de acuerdo en aquello que les faltaba.
Finalmente, una noche, muy tarde, un mensajero llegó al palacio. Habían encontrado al hombre tan interesantemente buscado. Se trataba de un humilde campesino que vivía al norte en la zona más árida del reino. Cuando el monarca fue informado del hallazgo. Éste se llenó de alegría e inmediatamente mandó que le trajeran la camisa de aquel hombre, a cambio de la cual deberían darle al campesino cualquier cosa que pidiera.
Los enviados se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para comprarle la camisa y, si era necesario –se decían- se la quitarían por la fuerza...

El rey tardó mucho en sanar de su tristeza. De hecho su mal se agravó bastante cuando se enteró de que el hombre más feliz de su reino, quizás el único totalmente feliz, era tan pobre, tan pobre... que no tenía ni siquiera una camisa.
Y esto viene a cuento de la excursión que mi familia y yo hemos hecho hoy. Este fin de semana  hemos ido al pueblo para celebrar allí el 5º cumple de Manel. Por la mañana  hemos ido al Villar de Matacabras con los niños. Para los que no lo conocéis, se trata de un pueblo que está a unos 3 kms del mío (Madrigal de las Altas Torres). Cuando yo era niña, solo vivían en él 3 personas. Una anciana con sus dos hijos solteros, ya mayores, también.  Sobre todo quería enseñárselo a Carla. Quería compartir con ella el recuerdo de ir en bici con la edad que ella tiene ahora,  desde Madrigal con mis amigas. El recuerdo de llegar al Villar sedientas y  muertas de risa. No llevábamos cantimplora, ni mochila, ni protector solar, ni guantes, ni coderas, ni rodilleras. Además como les contaba hoy, en alguna ocasión,   nos salían unos mastines de los pastores de la zona. En aquellas persecuciones nuestras bicis no corrían,  volaban  más que las de Spielberg en E.T. Y eso que yo, particularmente llevaba una bici enorme que era heredada de mi hermano y cuya barra había cortado mi padre para que pudiera subirme en ella. La verdad es que me la adecuó bastante bien y corría que se las pelaba cuando nos perseguían aquellos perrazos con sus estridentes ladridos. Entre  el subidón de adrenalina por la carrera, y que no dejaban de ser 3 kms por un camino de piedras… para unas niñas, llegábamos todas exhaustas.  En el Villar había pocas cosas que hacer… salvo la de desarrollar la imaginación entrando en casas abandonadas, semiderruídas (tampoco llevábamos casco). Pero algo que hacíamos siempre, era pedir aquella anciana que nos diera agua del pozo (agua que tampoco pasaba ningún control de sanidad, por cierto). Lo sacaba minuciosamente con una polea, y llenaba una herrada.(para los que no sabéis lo que es esto es como un cubo de zinc). . La mujer cogía una taza de porcelana, llena de desollones negros. Ni que decir tiene que bebíamos todas del mismo vaso. Ni nos cuestionábamos contagio alguno. ¡Como han cambiado las cosas, madre mía!
Más de 30 años después….. el pueblo sigue sin agua corriente, hay más casas derruídas de las que había entonces,,,y solamente tiene un habitante: Máximo. Cómo podéis adivinar es uno de los dos hijos de aquella anciana que nos daba agua del pozo. Cuando lo hemos encontrado hablaba con una pareja, que había decidido hacer lo mismo que nosotros en esta preciosa mañana de octubre. Ir desde Madrigal paseando, hasta el Villar. El hombre les decía que no tenía llave de la iglesia, la cual, según explicaba se había convertido en lugar de cría para la especie protegida de los cernícalos.
La pareja se ha ido decepcionada, pues esperaba haber podido visitar la iglesia.
 Yo, sin embargo he salido de allí, totalmente complacida por la charla mantenida con Máximo.
Teníais que haberle visto: llevaba un pantalón de pana gorda  con agujeros (hoy hacía 26º) que tenía por cinturón un trozo de cuerda.
Llevaba unas botas muy muy viejas…. Que se veían eran al menos 2 números más de su talla y además también tenían unos enormes agujeros. Y unos calcetines gordos que sobresalían por encima del pantalón.
Llevaba una gorra con un imperdible clavado en lo alto (ni idea de porqué llevaba aquello encima). Y unas gafas de sol negras.
La conversación ha empezado por mi parte, recordando ya con él aquellas excursiones que hacíamos de niñas y sobre todo el hecho de que su madre nos daba siempre agua del pozo. El hombre ha sonreído y ha exclamado ¡madre mía , cuánta gente ha bebido agua de este pozo!
 Nos ha contado que hace 30 años ya que murió su madre y 4 que lo hiciera su hermano. Claro, nosotros le cosíamos al hombre a preguntas. ¿y qué edad tiene usted? ¿y no le da miedo estar aquí solo? ¿y no tiene televisión? ,
Tengo 88 años. No me da ningún miedo vivir solo. Cada día viene alguien de Madrigal y yo voy allí una vez por semana.
¿Cómo va , tiene coche?
Uyyyy coche, jajajaj, Yo no sé conducir. Voy en mi vieja bicicleta. Además yo lo único que aprendí a conducir fueron las mulas.
No tengo televisión, ni falta que me hace…. Escucho de vez en cuando la radio. En invierno nunca me falta leña para mi chimenea…en absoluto paso frío….Nos contestaba a todas y cada una de nuestras preguntas con una sonrisa.
Uy… que suerte tenéis, nos decía a Juancar y a mí. Niña y niño tenéis… y que majos son…. Mira la niña para ti (me decía ) y el niño para él… así no discutís….ja, ja,ja ja
Le he dicho de quien era hija… y se ha puesto la mar de contento. Resulta que apreciaba enormemente a mi padre. Dice que fue a la escuela de los 10 a los 13 años a Madrigal, y que cuando lo hacía, por allí estaba mi padre con sus hermanos. Que qué buena gente eran todos ellos, (eso mismo opinaba mi padre de él,  con quien coincide de vez en cuando  en la panadería del pueblo) que como era hija de quien era que nos iba a acompañar en aquella excursión, que nos enseñaría el pozo nos contaría su historia…. Y que les diera muchos recuerdos a mis tíos y sobre todo a mi padre.
A todos esto, va Carla y me dice….. ¡ fíjate mamá en sus botas…….y lo feliz que es este señor!
La verdad es que el comentario de mi hija me ha hecho pensar.
Primero en la madurez de la niña, porque la verdad que creo que es para enorgullecerse del comentario tan observador que ha tenido y segundo porque llevaba toda la razón del mundo.
 Resulta que Máximo era el señor del cuento de Don Faustino, fíjate,¡ si vivía a 3 kms de mi pueblo!
Con la diferencia de que al menos tiene dos camisas. Ambas las lleva puestas: una encima de otra…
Nos contó también,  que sembraba ajos, cebollas,  y tomates, allí mismo a la puerta de su casa. Que tenía un melocotonero cuyos melocotones este año han tardado mucho en madurar.
Cuando hemos llegado al pozo, nos ha recitado una poesía sobre el mismo…. Que lamentándolo mucho no puedo transcribir… pero que venía a decir que  quien bebiera agua de ese pozo iba a vivir mucho tiempo (ojalá sea verdad por la cuenta que me trae). La pena es que está cerrado y ya no puede sacarse agua de él porque si no hoy habría hecho beber agua a todos….
Hoy hemos vuelto a casa un poco más ricos. No sé muy bien por qué razón pero hemos salido del Villar de Matacabras los cuatro con una amplia sonrisa…….
Espero que os guste esta historia….en estos tiempos en los que damos tanta importancia a todo lo material….que pobres somos todos teniendo tantas cosas…...
Un abrazo,
Goyi  (octubre del 2011)
Cuatro año después de escribir esto, Máximo ya no está allí, nuestra vida familiar ha cambiado también, no obstante espero que él no haya perdido la sonrisa….y que nosotros la mantengamos también por mucho tiempo.

Espero que os haya gustado.
Por fin VIERNESSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS. Feliz fin de semana. Aunque como dice mi amigo y escritor, Jose María Garrido "La felicidad es sólo una excepción y no la regla... Lamentablemente sí influye todo lo externo a uno!"